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11 dic. 2011

COMO VIVIR LA AUTORIDAD ESCOLAR.

COMO VIVIR LA AUTORIDAD ESCOLAR.
Lic. Carlos Humberto Hernández Hidalgo.

En el Diccionario de la Real Academia Española, se define la autoridad como: “Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia”

Las múltiples y variada expresiones de inconformidad e indisciplina escolar, sea esta en el aula, o fuera de ella, llevan al análisis de si el docente tiene autoridad con sus estudiantes o es que a través del tiempo ha perdido autoridad y reconocimiento.
AUTORIDAD COMO MANDO.

Si lo que desea el docente es tener autoridad para mandar, como la escuela de otrora, pues todo lo que necesita es armarse de valor y comenzar la tarea de desvirtuar el acercamiento al estudiante con diálogo y comprensión. Es muy fácil manda y sobre todo mandar mal. Lo comprometedor es mandar con persuasión y con empatía por lo que se manda.
Siempre el docente a través de la historia ha mandado y sobre todo a los más chicos. Hoy eso no es ajeno en las aulas y las Instituciones Educativas.
El poder coercitivo del docente, se basa en la percepción de la figura del profesor como mediador de castigos (no necesariamente físicos). Su fuerza depende de la magnitud de los castigos y de la probabilidad subjetiva (percibida por cada alumno/a) de evitar el castigo comportándose de la forma requerida; es decir, la probabilidad de ser castigado si se conforma menos la probabilidad de ser castigado si no se conforma.
Estos castigos que no necesariamente son físicos (nos resistimos a creer que aún se apliquen), pueden ser a veces tan sutiles, poco percibirles que pasan por desapercibidos por unos u otros.

AUTORIDA COMO ABUSO DEL PODER.

Las frecuentes exageraciones, distorsiones, del rol docente frete a su Institución Educativa y sobre todo frente a sus estudiante, lleva a los continuos choques de unos con otros. En la cotidianidad el docente frecuentemente abusa del poder de su autoridad, con gestos, posturas, palabras, expresiones desobligantes y en ocasiones con amenazas.
Del otro lado los estudiantes hacen recurrentemente lo mismo y se plantea entonces un combate para ver quien sede o se rinde primero. Aquí aparece el maltrato sicológico de unos contra otros.  Por lo tanto:
El poder legítimo se basa en la percepción del alumnado de que el profesorado tiene derecho a influir sobre él. Supone la aceptación de un determinado código o conjunto de normas según el cual el profesor tiene derecho a influir sobre los alumnos, y éstos el deber de aceptar dicha influencia. La amplitud del poder legítimo, los tipos de conducta sobre los que puede ejercer su influencia, suele estar prescrita de forma muy específica. El uso indebido del poder por el profesor, por ejemplo intentando cambiar una conducta del alumno sobre la que no se le reconoce el derecho a influir o empleando un procedimiento inaceptable, hace disminuir su poder legítimo y la atracción de los alumnos hacia él. Con lo cual disminuye también su poder referente. Aunque el cambio conductual originado por el poder legítimo depende, en principio, de la presencia del profesor, al activar valores aceptados por el alumno puede volverse fácilmente independiente y mantenerse sin intervención alguna de aquél.

El profesor que siempre suele mandar y que en ese proceder se exagera y abusa, generalmente es sinónimo de inseguridad. Los vemos frecuentemente enviando los estudiantes a Coordinación, o esbozando artículos o referentes del Manual de Convivencia. Su ejercicio pedagógico suele ser pobre y su didáctica descontextualizada.
No actúa dentro de los términos de globalización del conocimiento y el uso de las alternativas modernas, sino que se le ve con un libro guía y en peor de los casos con sus preparaciones de diez o más años atrás, sin caer en la cuenta que los estudiantes de hoy, son los hijos de la era de la comunicación, la globalización y del desarrollo tecnológico.

LA AUTORIDAD COMO RECONOCIMIENTO.

El o las docentes deberían permanentemente tratar que sus actuaciones, posturas, ética, valores y modelos pedagógicos, sean efectivamente reconocidos por el estudiante. Desde este punto de vista la autoridad nunca se impone, sino que se reconoce.

Cuando el estudiante ve en su docente la entrega y sacrificio por lo que hace, que cada día lo hace mejor y actualizado, que su postura dialógica es permanente, que coloca al estudiante como el centro del aprendizaje, que hace frecuentes revisiones de su proceder frente a los estudiantes, que adapta el currículo según las exigencias y sobre todo reconoce en sus estudiantes a seres singulares, como capacidades diferentes, ritmos distintos y por lo tanto aplica métodos variados, los estudiantes inmediatamente le reconocen su autoridad. Estos docentes poco o nada se preocupan por las anotaciones a los estudiantes porque a la vez  en ningún momento el docente considera las actuaciones de sus dirigidos como actos de indisciplina.

El poder referente se basa en la identificación del/a alumno/a con el/la profesor/a. Cuanto mayor sea la atracción del alumno hacia el profesor mayor será dicho poder. El cambio de conducta del alumno producido por el poder referente puede ser enseguida independiente de la presencia del profesor. Y a través de él puede influir en una gran variedad de conductas del alumno. Las innovaciones educativas que aquí se presentan, en las que se aproximan los papeles del profesorado y el alumnado, suelen incrementar de forma muy significativa el poder referente de aquél; aumentando así su eficacia para educar en valores y disminuyendo la necesidad de sancionar, con las consecuencias positivas que de ello se derivan para la calidad de la vida en el aula, tanto para el profesorado como para el alumnado.[1]

AUTORIDA  Vs DISCIPLINA.

Los docentes siempre reclaman y seguirán reclamando tener más autoridad para poder controlar los actos disciplinarios de sus estudiantes. En ocasiones esa autoridad reclamada, se traspasa a la evaluación y con ello se acaba de agrandar el problema.
Con certeza de mi ejercicio, puedo manifestar: NO HAY COSA QUE MAS VIOLENTE EL ACTO EDUCATIVO, QUE LA EVALUACION SIN CRITERIOS.

Estas conductas disruptivas de los estudiantes, son síntoma de problemas más profundos. En primer lugar, de la inadecuación de los contenidos curriculares a los intereses y niveles de los alumnos: sobrecarga en contenidos, academicismo, primacía del currículo sobre los intereses y preocupaciones de los alumnos.

El sistema educativo aún no ha encontrado cómo tratar eficazmente la diversidad de los alumnos; la rigidez del currículo, la inflexibilidad de los programas, la uniformidad de las enseñanzas son todavía obstáculos importantes que impiden la adecuada atención a la diversidad del alumnado.

Reforzar la "autoridad" del profesorado no es solución si la medida no va acompañada de otras decisiones. No hay que olvidar que la autoridad no se otorga y concede, sino algo que se consigue y se obtiene. Además, hablando de reforzar la "autoridad" del profesorado, ¿no se están confundiendo los conceptos y se está queriendo decir que la solución es reforzar el poder de los profesores? A diferencia del poder, caracterizado por la capacidad de conseguir determinadas conductas a través de recompensas y castigos, la autoridad se basa en la capacidad de influencia, en el prestigio moral que convence a las personas para que, sin necesidad de recurrir al poder, asuman determinadas conductas.
La educación sólo es posible desde la autoridad moral del profesorado; desde el poder es muy difícil, por no decir imposible, educar personas autónomas. Trabajemos por reforzar la verdadera autoridad del profesorado y por reforzarla con otras medidas imprescindibles para la mejora de nuestro sistema educativo.

Para finalizar mi frase:
NO HAY MEJOR ELEMENTO PARA MANTENER LA DISIPLINA ESCOLAR, QUE UNA EXCELENTE PEDAGOGÍA Y DIDACTICA.




Esto saldrá antes del leer mas

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